El hoy en positivo

Por Natalie Ortiz

En Potrero todos los días nos hacen vivir el presente, nos conectan, nos tocan, nos despiertan y nos invitan a disfrutar el ahora. Es Potrero, sí, el lugar definitivamente tiene su magia: el pueblo es sencillo por su gente y extravagante por su naturaleza. Pareciera tener una perfecta combinación de energía donde aunque todo parezca tranquilo nada es monótono, donde en momentos en que pudiéramos pensar que entramos en rutinas algo nuevo pasa y donde los sentidos parecen abrirse cada día más a apreciar las cosas simples y espontáneas.

Un simple viaje en bici de la casa a la plaza nunca va en línea recta, tal vez así lo puedo explicar mejor:  el olor a tierra mojada, o a boñiga, o a cocina de leña; los movimientos, el zigzag en que hay que burlarse los huecos y charcos de la calle, las manadas de vacas que se apropian del camino y nos detienen caprichosas a observarlas y esperarlas, los perros que nos ladran y nos siguen, la gente que nos mira pasar; los saludos con la mano, con la cabeza, con la sonrisa, con la mirada; el sol que quema, el corazón que se acelera en las cuestas, las gotas y el sudor que tiñen las caídas.

En mis viajes en bici de la casa a la plaza, he elegido entre todos los árboles del pueblo aquel con quien me identifico, me he topado con culebras, me he empapado debajo del aguacero refrescante de la tarde, me he envuelto en nubes de polvo. He visto la mañana soleada y brillante, el mediodía pesado e imponente, el atardecer pintado de celajes azules, celestes, amarillos, naranjas, rosados, morados y grises. El anochecer ruidoso como un grupo de chicharras, cauteloso como un potrero de luciérnagas.

Todo eso puede ocurrir hasta llegar a la plaza: el corazón del pueblo. ¡Y ahí nos esperan los niños! Con sus carcajadas, sus historias, sus leyendas, sus detalles, sus caritas. Las chiquitas son preciosas, todos los días tienen peinados diferentes, todos los días te abrazan más fuerte. ¡Los chiquitos son tremendos! Todos los días nos hacen reír con sus chistes, sus bromas y sus cuentos. A ellos, por el contrario, no les importa andar llenos de barro los pies ni mucho menos la camisa, ellos tienen la energía necesaria para levantarse, ir a la escuela, mejenguear, venir a las clases de inglés (hacer intermedios de cantos, bromas y  brincos), mejenguear de nuevo y agarrar la bici o correr como en competencia hasta llegar de vuelta a sus casas.

El hoy en Potrero es hoy y es positivo, es hoy porque nos enseña a descubrir y a apreciar. Es positivo porque nos llena de esperanza y nos permite comprender que todo acá vale la pena. Que todos los días son nuevas oportunidades de enseñar y aprender, que las cosas buenas están ocurriendo; y que el esfuerzo brindado está haciendo del hoy un regalo para nosotros y todo los seres con quienes compartimos un camino quizás corto pero eterno*, de la casa a la clase, de la playa a la pulpe o simplemente de la casa a la plaza.

*Malpaís

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One Response to El hoy en positivo

  1. Becca H. says:

    This is beautiful Nat!

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