Abriendo Mentes y abriendo puertas

Por: Nerea Rojas

Hoy en día nos encontramos en un momento histórico caracterizado por la comprensión del espacio-tiempo, la instantaneidad de la información y la facilidad de las comunicaciones. El mundo parece haberse convertido en un lugar mucho más pequeño: uno desde Potrero puede comunicarse con alguien en Madrid con un solo click y gratuitamente. Todo lo que ocurre en Nueva York se puede saber en Brasilito en segundos. El mundo está mucho más intercomunicado y diferentes comunidades crean lazos entre sí.

Este proceso globalizador ha tenido una lengua predominante como transmisor de ideas y relaciones: el inglés. De ahí que muchos lo consideren el idioma global. Respecto a este último punto, muchos defenderían la teoría de que esta lengua ha potenciado los aspectos negativos de este proceso mundial que se conoce como globalización. La pérdida de lenguas minoritarias o la desaparición de culturas ancestrales debido a la homogeneización cultural, son ejemplos de sus aspectos negativos.

Es cierto que se ha dado un cambio de valores en aquellos lugares a los cuales el imperialismo de la lengua ha afectado mas de lleno, dada la influencia conceptual que la lengua imperante implica.

La calificación del inglés como lengua global es indudable, tal y como lo fue el español a comienzos del siglo XVI. Sin embargo, los aspectos positivos de que el inglés tenga esas condiciones globalizantes son muchas veces ignoradas por aquellos que critican la enseñanza del inglés en comunidades de habla no inglesa.

Al ensenar inglés no se está potenciando la perdida de una cultura, ni se está facilitando la homogeneización cultural. Al enseñar ingles en unos tiempos como los que corren se  está abriendo una ventana al conocimiento. Se están facilitando recursos para la obtención de información, puesto que gracias a los medios de comunicación actuales en segundos pueden obtenerse cientos de nuevos datos, y gran parte de estos se encuentran en la lengua anglosajona.

Enseñar inglés es enseñar que hay algo más allá de lo que ya se conoce y más lejos de potenciar la pérdida de identidad cultural, da la posibilidad de adquirir valores, conceptos y costumbres de otras culturas. La preservación cultural debe ser una elección libre y no una imposición causada por la falta de conocimiento.

Cuando un niño aprende inglés adquiere no sólo mayores recursos para un futuro profesional más exitoso, sino también la posibilidad de comunicarse con una gran parte del mundo y así integrarse en el intercambio de ideas, opiniones y creencias que relaciones con sujetos pertenecientes a otras comunidades pueden aportarle. Aprendiendo inglés se abre una ventana a la riqueza cultural que conlleva la tolerancia y el respeto por el prójimo.

Enseñando inglés se enseña a los más pequeños a ser más grandes personas.

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